¿SOA está muerto?
Anne Thomas Manes escribió un obituario para SOA, con el argumento de que:
SOA encontró su fallecimiento el 1 de enero de 2009, cuando fue eliminado por el impacto de la recesión económica. SOA es sobrevivido por su descendencia: mashups, BPM, SaaS, Cloud Computing y de cualquier otro enfoque de arquitectura que se basa en "servicios".
Ella continúa:
Después de ser considerado el salvador de TI, SOA se ha convertido en una experiencia fallida - al menos para la mayoría de las empresas. SOA debería reducir costes y aumentar la agilidad en una escala masiva. Salvo en raras situaciones, SOA falló en entregar los beneficios prometidos. Después de invertir millones, los sistemas de TI no son mejores que antes. En muchas empresas, las cosas son peores: los costos son elevados, los proyectos tardan más y los sistemas son más frágiles que nunca. Las personas que controlan las finanzas ya están cansadas de eso. Con el presupuesto ajustado de 2009, la mayoría de las empresas recorta fondos para sus iniciativas SOA.
Si bien inicialmente SOA ha sido adaptada principalmente por técnicos, su base está mas en los negocios que en los problemas técnicos. Mas ellos fueron muchas veces introducidos (y a menudo ejecutaos) por los técnicos y vendedores, que estaban más interesados en la tecnología SOA (venta de software) que en su impacto sobre los negocios:
Las personas han olvidade el objetivo de la arquitectura SOA. Ellos estaban muy envueltos en debates muy tontos de la tecnología (por ejemplo, "¿cuál es la mejor ESB?" O "WS-* vs REST") y se olvidaron de lo más importante: la arquitectura.
La incapacidad para mostrar un rápido ROI (retorno de la inversión) llevando a varios tomadores de decisiones de negocio de diferentes empresas a estar fuera de la SOA:
La histéria de SOA se ha convertido en decepción SOA. Los empresarios ya no creen que SOA les entregará beneficios espectaculares. "SOA" se ha convertido en una mala palabra. Ella tiene que ser eliminada de nuestro vocabulario.
Esto significa un gran revés para la industria de TI:
El fracaso de SOA es trágico para las industrias de IT. Las empresas necesitan desesperadamente hacer mejores arquitecturas para sus cartera de aplicaciones. Orientación al Servicio es un requisito para la integración rápida de los datos y los procesos de negocio, lo que permite la situación de los modelos de desarrollo, tales como mashups, y el fundador de la arquitectura para SaaS y cloud computing.
Entonces ¿qué vendrá ahora? De acuerdo con Anne:
Aunque el término "SOA" está muerto, la exigencia y requisito de la arquitectura orientada a servicios está más fuerte que nunca.
Su sugerencia es dejar de hablar de SOA y comenzar a hablar de los servicios (aunque ella no deja clara su definición de este término, lo que deja margen para la interpretación y las interpretaciones erradas).
El post obviamente despertó reacciones entre algunos líderes en este ámbito.
David Linthicum analizó lo que salió mal, parafraseando a:
- Falta de arquitectos cualificados que entienden SOA.
- Las grandes empresas de consultoría se centran en las tácticas y en las horas facturables mas que en los resultados.
- Los vendedores también se centran en la venta y no lo suficiente en la solución.
- Anuncia que SOA es una panacea para todos los males de IT.
Joe McKendrick observa que SOA es un estilo de arquitectura y no un producto:
El éxito de SOA es parte de un proceso transformador que cambia la forma como las organizaciones son administradas y la forma de hacer negocios. Algunas organizaciones sólo parecen "comprender eso" después de un tiempo. Para muchas empresas, sin embargo, lo que ven como una arquitectura SOA es una arquitectura JBOWS (Just a Bunch of Web Services). SOA es tecnología y filosofía. La combinación de tecnologías y métodos utilizados para trabajaren la dirección que cambiará SOA. Hace unos años, los web services se veían como el camino, ayer fue REST y la Web o empresa 2.0, ahora es cloud computing. La belleza de la arquitectura SOA es que está diseñado para ser independiente de las tecnologías o protocolos subjacentes.
Miko Matsumura apoya la sugerencia de Anne de cambiar la terminología, haciendo mas hincapié en el hecho de que el concepto de SOA, en particular la dimensión de negocios de SOA ciertamente sobrevivirá:
Creo que el uso de SOA como un término sin duda irá disminuyendo, pero las estrategias de enderesar los problemas fundamentales tendrá que continuar evolucionando más allá del "círculo" de la arquitectura SOA. Al mismo tiempo que está muerto SOA, SOA también es inevitable - pero puede venir con un nombre diferente. El DNA de las grandes empresas exigirá interfaces para separar adecuadamente el "qué" de los requisitos de los "cómo" de la implementación y los patrones de diseño de la arquitectura SOA serán los únicos para comprender la visión de largo plazo de la plataforma empresarial, multiempresarial y "cloud". Cualquier término como SOA tiene que experimentar el hype cycle que va desde la mística lenguística, implementación, experimentación y, posiblemente, un cierto grado de histeria de nomenclatura. SOA tiene particularmente una gran agenda y, por tanto, un montón de personas abrazarán eso con la esperanza de que SOA podría ser su salvador. Francamente veo el mismo tipo de patrón en "cloud", lo que significa que no es fácil de definir por un término técnico, sino de un conjunto de intereses políticos vinculados a un conjunto de ideas y logros.
También advierte contra más de una reacción, que es tan común en la historia reciente de las IT:
El temor sobre la economía debería tener un asiento trasero en el proyecto para convertirse en el cambio que necesitamos. La era de la reacción emocional (knee-jerk) puede esperar a ser relegada para el 2008 (o quizás en el primer semestre de 2009) y podemos caminar juntos, tanto para la re-visión como para la reconstrucción de nuestra infraestructura. Para entender la gran visión nosotros necesitamos de todas y cada una de las personas para que conviertan el cambio que necesitamos.
Steve Jones interpreta la declaración de Anne como:
Los proveedores están corriendo a SOA y como ellos empujaron antes las cosas, ahora quieren empujar a todos a su descendencia: mashups, BPM, SaaS, cloud computing ... La realidad es que, de hecho, son los servicios lo que más importantes en esta etapa que en cualquier otra cosa . Esto no significa que SOA está muerto, significa que la furia del marketing de T-SOA ha avanzado ya que ahora ESBs y herramientas Web Services no venden más. Lo que queda es el hecho de que SOA, así como sus servicios son el punto de partida para SOA y no de esas tecnologías bonitas ... Si adopta una nueva tecnología sin tener una mentalidad de servicio entonces, va a crear un grado de desorden que hará que loss consultores y vendedores engorden como EAI, parece un problema trivial. Hacer Spaghetti dentro de su firewall en grandes aplicaciones es una cosa, hacerlo a través de Internet, y con miles de pequeñas aplicaciones es totalmente una escala y magnitud diferente del problema.
Steve entonces elabora la definición de servicio, promoviendo un enfoque de "primero el negocio" y los define como una funcionalidad que puede ser expuesta para su uso por otros:
... necesita identificar sus servicios, comprender el valor de negocio que prestan, entender el costo del modelo para entregar este valor y decidir sobre el enfoque de la tecnología apropiada.
Nick Gall, por otra parte, desacuerda con la forma con que Anne llevó ( "larga vida a los servicios"):
Este es el pensamiento de los servicios, tal como se entiende convencionalmente, lo que condujo a la confusión en la que nos encontramos: la fragmentación provocada por interfaces de entidad específicas (servicios). Sin embargo yo diría que en la "larga vida a la web." Me sorprende que en el post Anne ni siquiera menciona a la web!
Él cita como ejemplo el éxito de Google, Amazon, e incluso Salesforce y le asigna a ellos, la mayoría de la influencia de la arquitectura web, comunidad web y modelos de negocio web "Web-orientation es una condición necesaria para la rápida integración de los datos y procesos de negocio, ellos permiten que los modelos de desarrollo para cada situación específica, tales como mashups, SaaS y cloud Computing".
Y, finalmente, en una visión similar, una explosión del pasado de 2005, la predicción de Don Box, que, aunque no estén conectadas en este debate, parece sugerir lo mismo: El término SOA será golpeado hasta la muerte y la industria del software invertirá o reciclará algunos términos iguales para reemplazarlo. Asegúrese de consultar el post original de Annes.
Parece claro que el cambio de nombre, probablemente no corrige los problemas actuales de SOA, pero se puede argumentar que con una reorientación en la arquitectura y los aspectos de negocio, SOA seguirá adelante.
CUANDO YO ERA TRENCITO
José Camarlinghi
(La Paz, 1928)
Cuando era más pequeño, hace ya mucho tiempo, fui un trencito de verdad, como el que tengo en un libro; papá dice que es modelo de 1890. Lo guardo como recuerdo preciado porque él me dio la alegría más grande de esa época. El trencito tenía todo: su locomotora pequeña, donde casi no entraba el maquinista don Santiago y su ayudante Onofrio. ¡Uff…! Hacía mucho calor y apenas se podían mover para echar carbón al fogón que parecía un infierno. Tenía coche de primera y segunda, un coche comedor hermoso y, a veces, llevaba coches dormitorios. Nunca más seré tan feliz como en aquellos días.
II
Un día dije a papá que quería ser un trencito. Se burló con muchas carcajadas porque le parecía que tenía gracia. Muy chistoso. Me dolió bastante. No le dije nada, porque un hijo no debe lastimar nunca a su papá. Molesté todos los días; muchas veces lloré porque era injusto, sin embargo yo traté de ser lo más bueno posible. Cuando llegaba de su trabajo, mi tema era el tren. Los niños somos molestosos si no nos satisfacen, y somos tenaces para conseguir lo que deseamos, sobre todo, cuando nuestros deseos son justos, pero también los padres son como nosotros, ellos quieren que hagamos cosas que a nosotros no nos gustan. Cada vez volvía a solicitar con más decisión, entonces, papá se molestaba y me dirigía unas miradas, que cualquiera se iba directo a la cama a llorar su desencanto. Pasaba días y días entristecido, hasta que me enfermé y toda la culpa la tenía papá por no conceder mi deseo de ser un tren. Por supuesto que estaba a un paso de transformarme en cualquier momento que lo deseara, pero no quería sin la autorización de papá. Toda la vida había sido un niño obediente y estaba muy agradecido a mis padres que siempre me quisieron y me dieron muchas cosas lindas. Papá era muy bueno, pero, no sé por qué no quería que yo fuera tren.
III
Un día mamá se puso de mi parte, y muy molesta dijo a papá: "¡Ya! ¡Concédele su deseo! No se puede disgustar a un niño con esa terquedad tan absurda. ¡Sí! Es un absurdo -contestó papá-, porque es hacerle perder la realidad de la vida". Me miró y regañándome, dijo: "Un tren está hecho de fierro, de engranajes y pernos; un tren no tiene ojos ni boca, no tiene inteligencia ni corazón; tampoco va a la escuela ni al cine; un tren no tiene ni su papá ni su mamá".
Luego de un silencio largo… "¡Ya! ¡Vuélvete un tren si quieres!".
Sentí alrededor de mi cabeza las campanadas de San Francisco; risas y gritos de los recreos. Como una mañana de carnaval con el corso de niños disfrazados de pepinos y kusillos, que brincaban como si fueran de goma, al son de los pinquillos chillones. ¿Qué sería de los niños si no tuvieran mamá? La mía es muy buena.
IV
Me gusta vivir en la estación. Oír el sonido de los pitos, el traqueteo, el bullicio, las despedidas, la alegría de la gente que viaja.
Corríamos sobre rieles muy brillantes y, ¡qué sé yo! Por qué caminos desconocidos que se pierden en el horizonte del altiplano; subíamos cerros con muchas curvas, bordeando precipicios profundos, hasta llegar a las montañas cubiertas de nieve y el pito como una pelota roja rebotando de un cerro a otro. Y chas… chas… chasss… chasss, la locomotora cansada y apenas chasss… chasss… chasss… hasta llegar a la cumbre. El descenso era hasta llegar a la otra pampa y correr, correr siempre. Como yo era un tren, ya no podía ir a casa. Papá y mamá se quedaron muy tristes; las veces que venían a visitarme a la estación se les saltaban las lágrimas. Mamá no podía contener su llanto. Me sentía muy dolorido en esta situación, pero qué podía hacer si yo era un tren. Papá y mamá tenían que comprender que yo era más grande y que algún día tendría que irme de casa, como todos los hijos que se casan y se van con sus esposas. Yo era un tren y tenía que correr los caminos; además, que un tren no puede ser a la vez un niño y volver a ser, otra vez un tren.
Mamá algún día me comprendería. ¡Yo no los olvidaré nunca!
En la vida de trencito pasé mucho tiempo y así como cuando era más pequeño, no comprendía si los años eran días y los días meses; a un tren no le interesa el tiempo que pasa. Yo sólo recordaba el domingo porque todos íbamos a la iglesia, pero aprovechaba para escaparme a la estación, porque creo que es lógico que un niño, en proceso de volverse tren, vaya a la iglesia. Recordaba también que ese día me llevaban al circo a ver a los payasos, a los leones y a los trapecistas que me gustaban mucho. Ahora viajo con ellos y son mis amigos.
V
Una noche viajábamos por la pampa a mucha velocidad; la noche estaba tan oscura que parecía un terciopelo y sólo se oía el ruido del traqueteo monótono. Estuvimos con retraso en nuestro horario y teníamos que ganar el tiempo perdido. Un tren tiene que ser cumplido con su itinerario sino la gente se molesta, por eso corríamos mucho.
Repentinamente vi -a lo lejos-, en la oscuridad, una luz del tamaño de una cabeza de alfiler que crecía aceleradamente sin darnos tiempo a pensar en lo que podía ser. "Es un platillo volador", dijo Onofrio. "Déjate de boberías", le contestó el maestro Santiago; "no creo en esas fantasías". A cada instante era más grande, hasta que parecía que nos hubiera echado el sol sobre la cara. ¡Su luz encandilaba!… "¡Es un pla…! ¡Cuidado nos metimos en el carril del tren grande!… ¡Es el expreso que se nos viene encima!…".
Sentimos el pitazo agudo y ensordecedor. Todo sucedió en segundos. Un ruido atronador. Todo crujía, parecía el fin del mundo; nos sentimos expulsados a un lado de la vía y pasó la enorme locomotora diesel y sus coches que parecía de nunca terminar con su pito largo y agudo.
Cuando nos recuperamos de la confusión, vimos fierros retorcidos, carros inclinados fuera del carril, el agua de la locomotora desparramada, el vapor quemante que se iba al cielo; más allá estaba el humo como gelatina negra que se escurría entre las piedras. ¡Todo destruido!
Recogimos el agua, el humo y las ruedas retorcidas, los fierros que habían perdido sus formas. Y nos fuimos a buscar un mecánico. Ya era media noche y apenas pudimos llegar a donde don Panchito. Su casa estaba sin luz; pensamos que ya estaba durmiendo. No había más solución que despertarlo; llamamos varias veces ¡y nada! Volvimos a llamar, y nos contestó que no podía atendernos. Tanto le rogamos que tuvo que salir. Don Panchito era un excelente mecánico. Al fin apareció frente a nosotros, bien abrigado con una manta y una vela en la mano. Don Panchito es muy viejo y tiene que cuidarse de los resfríos. Le contamos el trágico accidente y no podíamos explicar cómo nos habíamos metido en la vía del gran tren expreso que parece un monstruo. Miró los fierros retorcidos y, muy crédulo, nos dijo: "Trataremos de repararlo; haré lo posible". En seguida se metió entre los fierros. Hora tras hora esperamos hasta el amanecer. Así, don Panchito salió cuando cantaban los gallos, con la vela en la mano. La luz le alumbraba sus grandes bigotes grises, sus ojos cansados y las manchas de grasa y hollín de su rostro. Nos dijo tristemente: "Me rindo; no se puede reparar. Está todo destruido".
VI
Nos quedamos vacilantes, con un largo silencio; nadie dijo nada. Yo sólo sentí que, por mis mejillas, corrían lágrimas y tenía ganas de llorar a gritos. Recién comprendí que todo había terminado.
No me quedaba más que volver a casa. Cuando toqué la puerta, mamá me abrió y sorprendida no pudo aguantarse y dio un grito de alegría, hasta asustar a papá el cual salió y me levantó en sus brazos, haciéndome dar varias vueltas en el aire. Lo importante para ellos era que yo hubiera vuelto a casa.
Ahora, todas las tardes, cuando vuelvo de la escuela, me siento en las gradas de la estación a mirar pasar los trenes, recordando los buenos tiempos. ¡El corazón se me encoge!
Dicen que soy un niño triste. No. Yo pienso que no. Lo que pasa es que quiero ser un tren.
(La Paz, 1928)
Cuando era más pequeño, hace ya mucho tiempo, fui un trencito de verdad, como el que tengo en un libro; papá dice que es modelo de 1890. Lo guardo como recuerdo preciado porque él me dio la alegría más grande de esa época. El trencito tenía todo: su locomotora pequeña, donde casi no entraba el maquinista don Santiago y su ayudante Onofrio. ¡Uff…! Hacía mucho calor y apenas se podían mover para echar carbón al fogón que parecía un infierno. Tenía coche de primera y segunda, un coche comedor hermoso y, a veces, llevaba coches dormitorios. Nunca más seré tan feliz como en aquellos días.
II
Un día dije a papá que quería ser un trencito. Se burló con muchas carcajadas porque le parecía que tenía gracia. Muy chistoso. Me dolió bastante. No le dije nada, porque un hijo no debe lastimar nunca a su papá. Molesté todos los días; muchas veces lloré porque era injusto, sin embargo yo traté de ser lo más bueno posible. Cuando llegaba de su trabajo, mi tema era el tren. Los niños somos molestosos si no nos satisfacen, y somos tenaces para conseguir lo que deseamos, sobre todo, cuando nuestros deseos son justos, pero también los padres son como nosotros, ellos quieren que hagamos cosas que a nosotros no nos gustan. Cada vez volvía a solicitar con más decisión, entonces, papá se molestaba y me dirigía unas miradas, que cualquiera se iba directo a la cama a llorar su desencanto. Pasaba días y días entristecido, hasta que me enfermé y toda la culpa la tenía papá por no conceder mi deseo de ser un tren. Por supuesto que estaba a un paso de transformarme en cualquier momento que lo deseara, pero no quería sin la autorización de papá. Toda la vida había sido un niño obediente y estaba muy agradecido a mis padres que siempre me quisieron y me dieron muchas cosas lindas. Papá era muy bueno, pero, no sé por qué no quería que yo fuera tren.
III
Un día mamá se puso de mi parte, y muy molesta dijo a papá: "¡Ya! ¡Concédele su deseo! No se puede disgustar a un niño con esa terquedad tan absurda. ¡Sí! Es un absurdo -contestó papá-, porque es hacerle perder la realidad de la vida". Me miró y regañándome, dijo: "Un tren está hecho de fierro, de engranajes y pernos; un tren no tiene ojos ni boca, no tiene inteligencia ni corazón; tampoco va a la escuela ni al cine; un tren no tiene ni su papá ni su mamá".
Luego de un silencio largo… "¡Ya! ¡Vuélvete un tren si quieres!".
Sentí alrededor de mi cabeza las campanadas de San Francisco; risas y gritos de los recreos. Como una mañana de carnaval con el corso de niños disfrazados de pepinos y kusillos, que brincaban como si fueran de goma, al son de los pinquillos chillones. ¿Qué sería de los niños si no tuvieran mamá? La mía es muy buena.
IV
Me gusta vivir en la estación. Oír el sonido de los pitos, el traqueteo, el bullicio, las despedidas, la alegría de la gente que viaja.
Corríamos sobre rieles muy brillantes y, ¡qué sé yo! Por qué caminos desconocidos que se pierden en el horizonte del altiplano; subíamos cerros con muchas curvas, bordeando precipicios profundos, hasta llegar a las montañas cubiertas de nieve y el pito como una pelota roja rebotando de un cerro a otro. Y chas… chas… chasss… chasss, la locomotora cansada y apenas chasss… chasss… chasss… hasta llegar a la cumbre. El descenso era hasta llegar a la otra pampa y correr, correr siempre. Como yo era un tren, ya no podía ir a casa. Papá y mamá se quedaron muy tristes; las veces que venían a visitarme a la estación se les saltaban las lágrimas. Mamá no podía contener su llanto. Me sentía muy dolorido en esta situación, pero qué podía hacer si yo era un tren. Papá y mamá tenían que comprender que yo era más grande y que algún día tendría que irme de casa, como todos los hijos que se casan y se van con sus esposas. Yo era un tren y tenía que correr los caminos; además, que un tren no puede ser a la vez un niño y volver a ser, otra vez un tren.
Mamá algún día me comprendería. ¡Yo no los olvidaré nunca!
En la vida de trencito pasé mucho tiempo y así como cuando era más pequeño, no comprendía si los años eran días y los días meses; a un tren no le interesa el tiempo que pasa. Yo sólo recordaba el domingo porque todos íbamos a la iglesia, pero aprovechaba para escaparme a la estación, porque creo que es lógico que un niño, en proceso de volverse tren, vaya a la iglesia. Recordaba también que ese día me llevaban al circo a ver a los payasos, a los leones y a los trapecistas que me gustaban mucho. Ahora viajo con ellos y son mis amigos.
V
Una noche viajábamos por la pampa a mucha velocidad; la noche estaba tan oscura que parecía un terciopelo y sólo se oía el ruido del traqueteo monótono. Estuvimos con retraso en nuestro horario y teníamos que ganar el tiempo perdido. Un tren tiene que ser cumplido con su itinerario sino la gente se molesta, por eso corríamos mucho.
Repentinamente vi -a lo lejos-, en la oscuridad, una luz del tamaño de una cabeza de alfiler que crecía aceleradamente sin darnos tiempo a pensar en lo que podía ser. "Es un platillo volador", dijo Onofrio. "Déjate de boberías", le contestó el maestro Santiago; "no creo en esas fantasías". A cada instante era más grande, hasta que parecía que nos hubiera echado el sol sobre la cara. ¡Su luz encandilaba!… "¡Es un pla…! ¡Cuidado nos metimos en el carril del tren grande!… ¡Es el expreso que se nos viene encima!…".
Sentimos el pitazo agudo y ensordecedor. Todo sucedió en segundos. Un ruido atronador. Todo crujía, parecía el fin del mundo; nos sentimos expulsados a un lado de la vía y pasó la enorme locomotora diesel y sus coches que parecía de nunca terminar con su pito largo y agudo.
Cuando nos recuperamos de la confusión, vimos fierros retorcidos, carros inclinados fuera del carril, el agua de la locomotora desparramada, el vapor quemante que se iba al cielo; más allá estaba el humo como gelatina negra que se escurría entre las piedras. ¡Todo destruido!
Recogimos el agua, el humo y las ruedas retorcidas, los fierros que habían perdido sus formas. Y nos fuimos a buscar un mecánico. Ya era media noche y apenas pudimos llegar a donde don Panchito. Su casa estaba sin luz; pensamos que ya estaba durmiendo. No había más solución que despertarlo; llamamos varias veces ¡y nada! Volvimos a llamar, y nos contestó que no podía atendernos. Tanto le rogamos que tuvo que salir. Don Panchito era un excelente mecánico. Al fin apareció frente a nosotros, bien abrigado con una manta y una vela en la mano. Don Panchito es muy viejo y tiene que cuidarse de los resfríos. Le contamos el trágico accidente y no podíamos explicar cómo nos habíamos metido en la vía del gran tren expreso que parece un monstruo. Miró los fierros retorcidos y, muy crédulo, nos dijo: "Trataremos de repararlo; haré lo posible". En seguida se metió entre los fierros. Hora tras hora esperamos hasta el amanecer. Así, don Panchito salió cuando cantaban los gallos, con la vela en la mano. La luz le alumbraba sus grandes bigotes grises, sus ojos cansados y las manchas de grasa y hollín de su rostro. Nos dijo tristemente: "Me rindo; no se puede reparar. Está todo destruido".
VI
Nos quedamos vacilantes, con un largo silencio; nadie dijo nada. Yo sólo sentí que, por mis mejillas, corrían lágrimas y tenía ganas de llorar a gritos. Recién comprendí que todo había terminado.
No me quedaba más que volver a casa. Cuando toqué la puerta, mamá me abrió y sorprendida no pudo aguantarse y dio un grito de alegría, hasta asustar a papá el cual salió y me levantó en sus brazos, haciéndome dar varias vueltas en el aire. Lo importante para ellos era que yo hubiera vuelto a casa.
Ahora, todas las tardes, cuando vuelvo de la escuela, me siento en las gradas de la estación a mirar pasar los trenes, recordando los buenos tiempos. ¡El corazón se me encoge!
Dicen que soy un niño triste. No. Yo pienso que no. Lo que pasa es que quiero ser un tren.
Michael Jackson
Ayer a partido Michael Jackson, tristemente me quedare esperando un retorno que ya nunca sucedera.
He vivido mi niñez en los años ochenta epoca en que Michael nos gustaba a todos y ha marcado una huella muy profunda pues aún sigue sonando a pesar del tiempo.
En el trabajo hoy alguien comentaba que ahora estara enseñando a bailar a Jesus y personalmente creo que es muy cierto.
Como dijo una persona muy especial para mi, hoy 26/06/2009 tal vez sea el día en que Michael ha estado mas vivo que nunca.
Adios Michael te extrañaremos pero seguiras por siempre cantando en nuestros corazones...
He vivido mi niñez en los años ochenta epoca en que Michael nos gustaba a todos y ha marcado una huella muy profunda pues aún sigue sonando a pesar del tiempo.
En el trabajo hoy alguien comentaba que ahora estara enseñando a bailar a Jesus y personalmente creo que es muy cierto.
Como dijo una persona muy especial para mi, hoy 26/06/2009 tal vez sea el día en que Michael ha estado mas vivo que nunca.
Adios Michael te extrañaremos pero seguiras por siempre cantando en nuestros corazones...
